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manual. Para los investigadores, el daño lleva firma: la diferencia
es una potencia de dos. Un error binario traiciona, según ellos,
a un culpable de origen galáctico.
"Este fenómeno es conocido desde hace tiempo por los especialistas
de la aeronáutica y el espacio, pero con la carrera de la miniaturización
de los componentes, cualquier aparato puede sufrirlo ahora", explica
a la AFP Jean-Luc Autran, científico del laboratorio L2MP (CNRS/Universidad
de Provenza) de Marsella, sur de Francia.
Cuando unas partículas galácticas vienen a estrellarse
contra las capas superiores de la atmósfera terrestre, se rompen
en varios fragmentos que a su vez chocan contra otros átomos del
aire. Sólo una ínfima fracción de la cascada de partículas
generada de esta manera llegará al suelo.
Al nivel del mar, un centímetro cuadrado es bombardeado cada hora
por diez neutrones. A la altitud de crucero de los aviones, son 10.000
neutrones.
"Tome el ordenador portátil, que funciona perfectamente,
y haga un vuelo transatlántico: existe una alta probabilidad de
que todo se bloquee una vez durante el viaje y tenga que reiniciar el
aparato", indica Autran.
Nuestro Sol puede hacer de las suyas. En condiciones normales, las partículas
de viento solar no son bastante energéticas para llegar al nivel
del suelo. Pero en el momento de la erupción solar de octubre de
2003, se pudo comprobar una multiplicación por 55 del número
de fallos de memorias de ordenadores.
Un neutrón que choca contra un componente electrónico le
desencadena una carga eléctrica parásita. "Ayer era
desdeñable. Pero hoy la carga generada por este tipo de fenómeno
puede ser del mismo orden de grandeza que la carga que permite almacenar
una información en una memoria", apunta el científico.
"Guardar la información cada vez requiere menos energía
eléctrica y la vulnerabilidad de los circuitos integrados crece
un factor dos en cada generación", explica el científico.
Cuando se pasa involuntariamente de cero a uno -las únicas posiciones
que conoce la informática- las consecuencias pueden ser "catastróficas",
cuando el error afecta a una función vital de un marcapasos, una
locomotora de alta velocidad o un freno ABS.
Para ser precavidos, los constructores aeroespaciales han "endurecido"
su electrónica multiplicando los circuitos redundantes. Una solución
costosa que se puede prever para un avión o un satélite.
Pero de ahí a aplicarla a cientos de millones de teléfonos
móviles...
Para calibrar el fenómeno, Autran y su equipo han abierto en 2006
la plataforma ASTEP, que ha requerido una inversión de 1.100 millones
de euros, para estudiar las memorias SRAM o inmediatas de los ordenadores.
En la meseta alpina de Bure, a 2.550 metros de altitud, un banco de pruebas
está instalado en un antiguo radiotelescopio con la misión
de determinar el número de ceros transformados en unos (y viceversa)
por los rayos cósmicos. El número de incidentes debería
ser 10 veces mayor que al nivel del mar.
Un equipamiento similar fue instalado en los locales del laboratorio
de Marsella y otro más a 550 metros de profundidad en el antiguo
puesto de mando de las fuerzas estratégicas francesas de la meseta
de Albion. Este último debería grabar sólo los errores
causados por la desintegración radioactiva de las impurezas de
los chips.
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